Cuba: chapucerías, indolencias y “vista gorda”

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Desde hace varios años, en varias localidades del país, se inició un proyecto de rehabilitación de redes hidráulicas, financiado por préstamos de países del Medio Oriente y organismos internacionales, el que por supuesto, debemos de pagar. La primera insuficiencia que salta a la vista, es la chapucería de muchos de esos trabajos, que han provocado severas críticas de la población y de los más altos dirigentes del país.

Pero otro, no menos dañino mal, es la indolencia de la ciudadanía en el uso y derroche del agua en un país golpeado por sequías. Ahora, muchas de esas localidades que han sido beneficiadas con sistemas modernos de acueductos, entre ellas la ciudad de Holguín, derraman el agua a raudales durante las pocas horas en que se presta el servicio, motivados por el alto número de salideros que las nuevas conductoras, en su camino a las viviendas o dentro de las mismas, tienen.

Y el tercer elemento, un mal muy viejo en nuestra sociedad, es hacernos de la “vista gorda” con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. “Déjala correr que ellos votaron la plata, haciendo una chapucería”, parecería ser la conclusión que se saca de esa connivencia.

Es inexplicable como el país que cuenta en todas las localidades con una Dirección Integral de Supervisión (DIS), con un importante cuerpo de inspectores, con organizaciones de masas que se han enfrentado con éxito a muchos problemas sociales y de otro carácter, no pueden dedicar acciones de control contra el accionar de muchos indolentes.

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Considero posible un accionar coordinado entre la Empresa de Acueductos, la DIS y los factores comunitarios, durante los días en que se suministra el agua a nuestras viviendas y así, con medidas preventivas y multas oportunas, provocar una toma de conciencia en aquellos que no la tienen, del daño que se está causando.

No es menos cierto que a veces, muchos de los salideros en las viviendas, requieren de recursos que, o escasean o son muy costosos para los menguados salarios que la mayoría de los cubanos recibimos o para los precios tan altos en que se venden esos accesorios, y ni que decir de las tarifas que cobran los plomeros. Quizás sea esa una causa de porque no se le pone el pecho a esas indolencias.

Realmente el país que queremos para nuestros hijos y nietos, el Holguín del Futuro, no puede ser de personas y funcionarios chapuceros, donde el día a día esté acompañado de las indolencias y donde todos, y especialmente los que deben poner orden y hacer respetar las leyes, continúen, en el mejor de los casos, haciéndose de la “vista gorda”.

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Acerca de Holguinero de Futuro

Desde el 24 de abril de 1957, soy Holguinero. Hijo de Carmen y José. Profesor de Nivel Superior de Geografía (Holguín, 1979); Licenciado en Educación, especialidad Geografía (Holguín, 1981); Máster en Didáctica de la Educación Superior (Santiago de Cuba, 1998) y Doctor en Ciencias Pedagógicas (Holguín, 2005). Actualmente me desempeño como Asesor para la gestión de proyectos en la Universidad de Holguín, Cuba. Y si volviera a nacer... de seguro volvería a ser MAESTRO
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